06/12/21

"La transición energética revaloriza el proyecto Carem"

El proyecto nacional del reactor nuclear de baja potencia retoma impulso con nuevo financiamiento, el avance de obra y la búsqueda de proveedores locales de componentes que permiten proyectar para 2026 el inicio de las pruebas de puesta en marcha.


El prototipo Carem está siendo construido en Lima, provincia de Buenos Aires.

Tras los vaivenes presupuestarios que atraviesa todo gran proyecto en la Argentina, el reactor CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) retomó impulso no sólo asegurándose los fondos necesarios para la continuidad de su construcción, sino también con una revisión completa del programa y la articulación con contratistas y proveedores que ya permiten tomar al 2026 como horizonte para las primeras pruebas de puesta en marcha, en un nuevo hito tecnológico para el país.

Es que el desarrollo de una central nuclear de baja potencia fue concebida con diseño e ingeniería íntegramente nacional, único en su tipo por sus característicos, y aunque en el mundo existen otros 70 proyectos de small modular reactors (SMRs), hay sólo tres en construcción y el primero de ellos es el que se levanta desde 2014 en la localidad bonaerense de Lima, lindero al complejo Atucha.

La gerenta del proyecto Carem en la Comisión de Energía Atómica (CNEA), Sol Pedre, consideró en diálogo con +e que “el actual proceso de transición energética revaloriza al Carem y a todo el sector nuclear como una fuente muy segura y muy limpia” como parte de los desafíos globales de lograr respuestas a los requerimientos de fuentes energéticas de bajas emisiones. La Agencia Internacional de Energía lleva adelante para el sector energético el llamado "Net Zero 2050", un programa de objetivos que tiene a la energía nuclear con un rol importante para la descarbonización de la matriz global.

Pero además, “hay mucho interés -aseguró- en ese tipo de reactores pequeños y modulares que se pueden instalar en localidades aisladas, en complejos industriales, como complementación de renovables o donde se necesita la energía. Y por su menor costo a una gran central nuclear se pueden construir dos módulos y empezar el autofinanciamiento con la venta de la energía”. De esta forma se plantea una descentralización de la generación, permitiendo un diseño de redes potencialmente independientes al sistema interconectado.

Con el cambio en la conducción de la CNEA hace 5 meses el proyecto nuclear retomó su proyección de desarrollo en la matriz nacional y también lo hizo la construcción del CAREM, y se formalizó la nueva relación contractual con la empresa Nucleoeléctricas S.A (NASA) a través de la cual la empresa operadora de las centrales nucleares volvió a constituirse como contratista de la CNEA en la construcción del edificio. La obra civil del edifico nuclear tiene un avance de obra del 70% mientras que el avance físico del proyecto alcanza al 59 % y la ingeniería básica que es íntegramente local al 92%, ya que quedan detalles de aspectos críticos a encarar.

A partir de este relanzamiento, se inició “una etapa de revisión completa del programa y que a la vez está logrando progresos importantes vinculados a reactivar los pendientes de ingeniería, que por tratarse de un reactor innovador tiene cosas por afinar, y eso se puede hacer a partir de la recuperación del presupuesto y la posibilidad de ingresar ingenieros muchos de los cuales están volviendo”.

Pedre también explicó que se está evaluando con las empresas nacionales “cuánto se va a tardar en fabricar los componentes en el país que sufrieron retrasos muy grandes sobre lo planificado originalmente. Son 270 equipos para una industria que viene golpeada y hace pocos días se inició ese estudio de factibilidad con la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra) para poder identificar a las empresas y acompañar en el desarrollo de capacidades necesarias”.

Así, el proyecto empieza a redefinir etapas por las cuales se puede prever la entrega del generador de vapor helicoidal único por su diseño para 2022, la finalización de la obra civil en 2024, la recepción del recipiente de presión para ese mismo año, y el inicio de las pruebas de puesta en marcha para 2026, que tendrá sus propios desafíos por tratarse de un desarrollo inédito pero que deberá conducir al objetivo final de entregar sus 32Mw de energía eléctrica al sistema nacional.

De todas formas, este prototipo no estará dedicado -al menos en una primera instancia- a la generación de electricidad en un sentido convencional, sino que tendrá la función de calificar los conceptos aplicados en el diseño de esta nueva generación de reactores. Por eso se prevé una extensa serie de pruebas para consolidar las ingenierías necesarias para completar el diseño de la futura versión comercial y facilitar el proceso de licencia de futuras versiones comerciales de reactores que podrán ser exportados.

En cuanto al combustible utilizará uranio enriquecido al 3,1% y si bien el país maneja el ciclo completo del uranio natural para sus reactores, además de la planta de agua pesada, no cuenta con capacidad industrial de enriquecer el mineral, aunque si puede hacer a nivel de laboratorio o experimental lo que ubica al pías en una liga muy selecta del mundo. “Es una manera de desarrollar ingeniería propia y generar capacidad local y desarrollo tecnológico en pesos, que es la línea que tiene el sector nuclear de los últimos 70 años que fue realmente muy virtuosa. Todo ese trabajo calificado permea hacia otras industrias y sectores tecnológicos” como lo demostró la construcción de las tres centrales con que cuenta el país.

Reconstrucción de proveedores

Tanto el prototipo como las futuras centrales CAREM prevén que alrededor del 70% de sus insumos, componentes y servicios vinculados esté provisto por empresas argentinas, calificadas bajo los estándares internacionales de seguridad que rigen la industria nuclear. Por eso, el proyecto también se constituye como un dinamizador de la industria y la tecnología de punta.

En un proceso de reconstrucción de las empresas vinculadas al desarrollo tecnológico nuclear, se destaca el caso de IMPSA, que en su planta de la provincia de Mendoza, lleva adelante el diseño, fabricación, transporte y montaje del conjunto del recipiente de presión, componente clave del reactor.

La compañía centenaria y emblema de la industria metalmecánica y tecnológica argentina, logró este año una inyección de 20 millones de dólares por parte del Estado nacional y provincial, y con este impulso, fortaleció los planes estratégicos de la empresa que tiene al Carem como uno de los principales proyectos de internacionalización.

Fuente: Más Energía