06/01/17

El transporte público que más huelgas sufre: sólo en 2016 hubo 15

Hay desde reclamos gremiales hasta solidaridad con otros conflictos. En 2012 el macrismo intentó declarar al subte "servicio esencial", pero lo vetó la oposición.


Estación Independencia. Ayer, cuando los coches a Retiro ya empiezan circular./ Emmanuel Fernandez

Entre disputas con la UTA, tensiones internas, discusiones salariales e influencias de la política nacional, el subte fue en los últimos años el medio de transporte que más paros sufrió.

Hubo huelgas de todo tipo. Algunos involucraron a toda la red, otros a algunas líneas en particular. En ciertos casos duraron uno o más días, y en otros fueron de pocas horas.

Según informaron en Metrovías, el año pasado hubo 15 paros. En 2015 habían sido 19; y un año antes, 21. A esto habría que sumarles los quites de colaboración (como cuando los conductores se negaban a llegar hasta las nuevas estaciones Echeverría y Rosas de la línea B) y también las aperturas de molinetes como forma de protesta.

En la mayoría de los casos, los paros se debieron a las discusiones salariales. El antecedente más notable fue el paro de 2012, que duró desde el 3 al 13 de agosto. Tras el por entonces fallido traspaso del subte, los metrodelegados reclamaron subas de sueldo. Como Metrovías decía que para pagarles necesitaba más subsidios, y a la vez los gobiernos kirchnerista y macrista no se hacían cargo del servicio, el conflicto escaló hasta convertirse en la huelga más larga en la historia del subte.

También hubo paros por motivos sorprendentes, que en realidad enmascaraban disputas políticas. En 2006, por ejemplo, los metrodelegados fueron a la huelga en solidaridad con los trabajadores del hospital Francés, por entonces cerrado.

En los últimos años gran parte de las medidas de fuerza se debieron a motivos que, desde el sentido común, no parecen causales suficientes para dejar sin servicio a miles de usuarios. En 2014, según denunció la empresa concesionaria, hubo un paro porque algunos trabajadores se quejaban del olor de los productos químicos que se usaban para limpiar los grafitis de los vagones.

En 2015 hubo huelgas porque los delegados se negaban a la instalación de cámaras de seguridad. Y el año pasado, para pedir que se reincorporara a dos empleados que Metrovías no quiso tomar tras el período de prueba.

En 2011 se dio una de las medidas más insólitas. No se cortó el servicio, pero las boleterías de la línea B no atendieron porque los empleados decían que recargar las tarjetas SUBE les provocaba tendinitis en las muñecas.

Uno de los agravantes de los paros en el subte es que a diferencia de otros servicios públicos no hay frecuencias de emergencia. En 2012, cuando la Legislatura porteña aprobó la ley para aceptar el traspaso del subte, el macrismo intentó obligar a que durante las medidas de fuerza hubiera un mínimo de servicios, pero no pudieron alcanzar el consenso de la oposición en parte por el fuerte rechazo de los metrodelegados. El argumento fue que la Organización Internacional del Trabajo no considera al subte como un “servicio esencial” porque puede ser reemplazado por otros transportes.

Por este cuestión, ayer se inició una causa judicial. El abogado Isaac Wieder, habitual pasajero de la línea C, denunció a Roberto Pianelli y Néstor Segovia, secretario general y adjunto de la AGTSyP, por “extorsión”, “entorpecimiento de un servicio público” y otros delitos presuntos por “haber dejado en total desamparo a los pasajeros”.

En otros países los subterráneos sí tienen servicios mínimos durante las huelgas. En España e Italia, por ejemplo, los gobiernos locales decretan las frecuencias mínimas que tienen que respetar los sindicatos.

Fuente: Clarín