21/05/20

El gobierno evalúa desacoplar los precios del gas de las tarifas residenciales



Frente a la imposibilidad de actualizar las tarifas, el Ejecutivo empezó a estudiar alternativas para reactivar la perforación de gas, que está casi parada desde mediados de 2019. Por qué el ala económica del gobierno cree que la propuesta del Enargas no es consistente en el contexto actual.

Pese a estar inmersos en la coyuntura y en la implementación de medidas paliativas de la crisis económica agudizada por el Covid-19, funcionarios del Ministerio de Desarrollo Productivo empezaron a mirar más allá en el tiempo con foco en un tema particular: asegurar la producción de gas natural a mediano plazo.

La oferta del hidrocarburo —que explica un 52% de la matriz energética del país— es la piedra basal de la balanza comercial energética. Cuando faltó gas, como en 2013, esa balanza cerró un rojo de US$ 6902 millones por la importación de más de 100 barcos de GNL.

Para no repetir esa historia, desde hace varias semanas funcionarios de la cartera que dirige Matías Kulfas discuten internamente cómo reactivar la perforación de pozos de gas, que está casi paralizada. En el primer trimestre del año se perforaron sólo 10 pozos con objetivos de gas, contra 47 en el mismo período de 2019.

La búsqueda del mejor instrumento para promover la inversión parte de una premisa: la necesidad de desacoplar los precios del gas en boca de pozo de las tarifas que pagan usuarios residenciales y PyMEs. Se asume una visión realista: en un contexto de pandemia como este, es muy difícil avalar económicamente y conseguir validación política para aumentar las tarifas domiciliarias, que en los hechos están congeladas desde abril de 2019. Desde entonces se licuaron por la devaluación —el dólar pasó de 41 a 67 pesos— y se reducirán más al ritmo mensual de la depreciación del tipo de cambio.

De poco sirve, en esa praxis, realizar una licitación entre productores, distribuidoras y Cammesa para determinar el precio en dólares del gas. Arrojará un valor —se estima superior a los US$ 3 por millón de BTU— que no podrá trasladarse a las tarifas, dado que al menos por un tiempo seguirán en los mismos valores que tienen hoy.

Ese es el problema que acarrea realizar una subasta en bloque entre petroleras, por un lado, y distribuidoras y Cammesa, por el otro, tal como propone el interventor del Enargas, Federico Bernal, con la venia de las gasíferas.

Así al menos lo entienden fuentes cercanas al Ministerio de Desarrollo Productivo consultadas por EconoJournal. Más allá de todo, lo concreto es que el ente regulador no posee la facultad regulatoria para negociar mecanismos de fijación de precios de gas con las petroleras.

El vicepresidente de Gas de una petrolera, que participó el lunes de la reunión videoconferencia con Bernal, lo puso en estos términos: “La subasta (que propone el Enargas) va a arrojar un precio que no les va a gustar (por lo alto), por lo que no van a querer trasladarlo a tarifa. Lo que va a suceder, en respuesta, es que nos van a planchar el precio, por lo que se reducirán las inversiones en los yacimientos. Habrá más importación de GNL y el costo será para todo el país, porque habrá que destinar dólares que no tenemos a la compra de un recurso que podríamos producir localmente”.

¿Qué está evaluando el gobierno?

Las fuentes consultadas advirtieron que la materialidad del proceso económico-político, que impide la suba de tarifas, no deja otra alternativa que inyectar recursos del Tesoro para evitar que la oferta de gas decline el año que viene. Un 45% de la producción nacional del hidrocarburo proviene de yacimientos no convencionales, que declina entre un 15% y un 30% anual. Si no se empiezan a perforar nuevos pozos durante el segundo semestre, en el invierno de 2021 será necesario importar más cargos de GNL y hasta tal vez traer nuevamente el buque regasificador de Bahía Blanca. Los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Productivo están al tanto de esa realidad.

Lo complejo es definir cuál es el mejor instrumento para reactivar la inversión de los principales productores, con YPF a la cabeza. Pero cada vez está más claro que el Estado deberá blindar en el tiempo —a través de subsidios— un precio competitivo en dólares que cubra el costo de reposición real de nuevos desarrollos de gas. Sin un paraguas de ese tipo que resista eventuales devaluaciones a futuro, es difícil que las petroleras decidan retomar la perforación.

Fuente: EconoJournal