06/06/19

Turbulencias aéreas por el petróleo y el caso Boeing

Turbulencias aéreas. El alza del crudo, la incertidumbre sobre el retorno del Boeing 737 MAX y la guerra comercial, desplomarán la rentabilidad


Turbulencias aéreas por el petróleo y el caso Boeing. -El sector aéreo mundial encara un año lleno de desafíos por el alza del precio del petróleo, la guerra comercial y la crisis del Boeing 737 MAX. La gran cita de la industria, la asamblea general de IATA, no dejó lugar a dudas sobre las turbulencias del sector: la demanda de pasajeros sigue tirando pero los costos escalan más, lo que anticipa una menor rentabilidad en 2019.

Si se cumplen las previsiones, la industria cerrará el ejercicio con un beneficio neto conjunto de US$ 28.000 millones, un 6,6% menos que en 2018 y el nivel más bajo desde 2014. Éste es el pronóstico actualizado de IATA, que hace apenas seis meses contemplaba ganancias un 21% superiores.

El encarecimiento del precio del petróleo a inicios de 2019 es uno de los factores de las turbulencias para las compañías aéreas que obligó a IATA a corregir su previsión. «En diciembre pasado, tomábamos como referencia US$ 65 por barril, ahora son US$ 70», según Brian Pearce, responsable económico de la asociación, que representa a 290 aerolíneas que aglutinan el 82% del tráfico aéreo total. Este año, el combustible supondrá el 25% de los costos operativos de las compañías aéreas y su impacto será difícil de compensar por una demanda de pasajeros que crece, pero se frena respecto a ejercicios anteriores y que cada vez paga menos por los billetes.

Si el tráfico de pasajeros se ralentiza, el de mercaderías está en caída libre. El declive de este negocio, que suele funcionar como un termómetro de la industria y anticipa los cambios en el ciclo económico, está directamente relacionado con la ola de tensión comercial que tiene como principales protagonistas a Estados Unidos y China.

Las turbulencias para las cargas no son olvidadas por Alexandre de Juniac, director general de IATA, quien asegura que, «El negocio de carga aérea retrocedió un 4,7% en abril y el estancamiento en el comercio mundial es consecuencia directa de la ola de proteccionismo a nivel mundial». Así, la imposición de aranceles en la primera mitad de 2018 se tradujo en un recorte de volúmenes que dañó al segmento de carga aérea. Pero la guerra comercial, que también comprometió los márgenes de la demanda premium de pasajeros -particulamente vulnerables a las vicisitudes de la economía global-, encontró al otro lado a unas aerolíneas más diversificadas. «El negocio de carga aérea, que siempre fue entre empresas, está ahora más orientado al cliente final y eso es por la pujanza de Amazon. A la hora de comprar, el mundo se hizo más pequeño y, por esta razón, la carga aérea se vio menos afectada por todo lo que está pasando que hace 20 o 30 años», advierte Carsten Spohr, consejero delegado de Lufthansa Group. No obstante, IATA anticipa que el margen del negocio de carga aérea pasará del 12,3% de 2018 al 0% este año, con los ingresos estables en US$ 111.300 millones.

Más difícil de calibrar es aún el impacto de la crisis del Boeing 737 MAX. La prohibición de volar el avión el pasado marzo, tras el segundo accidente mortal en menos de cinco meses, dejó un reguero de damnificados en el sector aéreo. «El 737 MAX supone entre un 2% y un 3% de la flota total de la industria. Claramente es un costo, pero muy complicado de estimar y no creo que nos haga rebajar las previsiones de resultados», puntualiza Pearce.

Algunas compañías, no obstante, sí comenzaron a dar pistas del costo de las cancelaciones y del plan o diseñado para mantener su programación esta temporada de verano. American Airlines, por ejemplo, calcula un impacto de varios cientos de millones de dólares en el ejercicio.

En el plazo de cinco a siete semanas, IATA organizará una nueva reunión con aerolíneas, fabricantes aeronáuticos y reguladores, similar a la que celebró en mayo, para monitorizar el avance del proceso de certificación del 737 MAX tras la actualización del software del sistema que provocó los accidentes.

«Lo sucedido colocó nuestra reputación en el punto de mira y las consecuencias de estas tragedias trascienden el ámbito técnico. La confianza en el proceso de certificación quedó dañada y pedimos a los reguladores colaboración, transparencia y que se alineen. Un enfrentamiento entre reguladores no le interesa a nadie», insta De Juniac.

Con información de Expansión

Fuente: RMF