29/10/18

Después de 10 años se va el buque que le costó al país millones de dólares: lo despide Macri

Llegó en 2008 a paliar una falta temporaria de gas y no se fue más del puerto de Bahía Blanca. Gran parte de ese negocio lo manejaron Julio De Vido y su subsecretario, Roberto Baratta. Con Vaca Muerta el puerto se transforma ahora de importador a exportador.


El buque regasificador anclado en Ingeniero White, en la ciudad de Bahía Blanca

Una noticia rutinaria para un puerto guarda esta vez una fuerte señal. Mañana a las 9 zarpará desde el muelle de Compañía Mega, en Bahía Blanca, el buque regasificador Exemplar. Su partida, ya sin retorno, significará el cierre parcial de una década de costosas importaciones de Gas Natural Licuado llegadas en cientos de barcos. Y también la primera muestra visible de los beneficios de la explotación creciente en Vaca Muerta que, en poco tiempo, podrían transformar a la estación marítima bahiense en una terminal ya no importadora, sino exportadora de gas.

Para presenciar la zarpada del buque de bandera belga, el último de los cuatro del mismo tipo que cumplieron la función regasificadora desde mayo de 2008, viajará Mauricio Macri. La cuestión energética, recurrente en el discurso presidencial, le permitirá mostrar un contraste con el gobierno anterior, impulsor de la importación de GNL, como salida a una crisis de provisión que se creyó temporaria. Pero que terminó quedándose diez años, con un costo altísimo para las arcas del Estado y denuncias de corrupción aun investigadas por la justicia.

En su etapa de apogeo, la estación bahiense llegó a proveer de 20 a 24 millones de metros cúbicos a la red nacional. Comenzó con 6 barcos al año, pero en 2013 arribaron 42 metaneros, con un costo por millón de BTU (la unidad de medida del gas) que llegó a estar entre los tres más caros del mundo. Los costos de cada operación sumaron, en promedio, U$S 150.000 diarios y en ocasiones, por la falta de divisas que enfrentó la administración kirchnerista, los barcos cargados con GNL llegaban y debían aguardar su ingreso a puerto varias jornadas. Cada día de espera representaban U$S 50.000 adicionales para las cuentas del Estado. Gran parte de ese negocio lo manejaban Julio de Vido y su subsecretario, Roberto Baratta.

Pero ya en el reciente invierno, el fluido proveniente de Vaca Muerta alcanzó a cubrir la demanda promedio de 17 millones de metros cúbicos diarios que atendía la estación bahiense. Este año las compras externas de gas se redujeron en un 20% y durante 2019, el gobierno aspira a llevar al 50% ese recorte. Todavía el fluido seguirá llegando en barcos con GNL al puerto de Escobar. Esa terminal, habilitada tres años después de la de Bahía Blanca que fue la primera en su tipo en América Latina, será ampliada, anunciaron desde la secretaría de Energía. En dos años, según Javier Iguacel, ya no se importará gas, ni en barcos ni a través de gasoductos desde Bolivia. Todo por el impacto de Vaca Muerta, que llevó este año a la producción local en agosto a su valor más alto desde 2010. Marcó un 8,1% de aumento en relación a 2017.

El primer buque regasificador, el Excelsior, llegó a Bahía Blanca, en mayo de 2008, cuando en la municipalidad todavía se debatían en audiencia pública las condiciones de seguridad en las que iba a funcionar. Existía temor respecto de la operación de traspaso del gas de buque a buque, en el corazón del polo petroquímico más grande del país. En 2011, ENARSA e YPF propusieron instalar otro puerto para regasificar en el mismo estuario bahiense. Pero el proyecto, que necesitaba avanzar por un sector de humedales, se frenó tras fuertes críticas de organismos científicos y entidades ambientalistas. La venezolana PDVSA llegó a evaluar instalarse en Puerto Rosales, a metros del puerto bahiense, con otra estación terminal.

La partida del Exemplar marcará el fin del contrato con la firma Excelerate, que desde 2008, llevó adelante el proceso de regasificación, primero con Enarsa (en tiempos de fulgor de Julio De Vido y Roberto Baratta) y luego con YPF (de la mano de Miguel Galuccio y Axel Kicillof). Aunque para la empresa norteamericana no sería un adiós sino un hasta luego. El mes pasado, junto a TGS, firmó un acuerdo para el estudio de un proyecto de licuefacción en el puerto bahiense. "El objetivo del proyecto es estudiar la viabilidad técnica y comercial de licuar y exportar gas natural durante la temporada de verano, permitiendo un desarrollo más sustentable de los recursos de gas de esquisto (no convencional) y reduciendo las necesidades anuales de importación de gas natural de Argentina" anunciaron el 10 de setiembre. El estudio estaría listo para fin de año y significaría más música para los oídos gubernamentales, en el campo de la energía.

Fuente: Clarín