27/08/18

Revolución de los aviones y mercados de carbono




La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) es una agencia de las Naciones Unidas que, además de la seguridad aérea, persigue objetivos como disminuir la contaminación a nivel global. Si bien se sabe que todos los vuelos generan actualmente sólo 2% de las emisiones mundiales anuales de dióxido de carbono (el más importante de los gases de efecto invernadero), se espera que el crecimiento del transporte aéreo internacional aumente 5% por año. Por eso, se busca controlar las emisiones para evitar que sean cada vez mayores.

Ante este panorama, los países de la OACI acordaron en el año 2016 un esquema de negociación de bonos de carbono denominado CORSIA, por sus siglas en inglés.

El esquema incluye tres fases: piloto (2021-2023); primera (2024-2026); y segunda (2027 2035). Los dos primeros períodos son voluntarios, mientras que el último es obligatorio, salvo para los países en los cuales hay poco transporte internacional o son de muy bajos ingresos.

Para tener obligaciones en CORSIA, ambos países (aeropuerto de salida y de destino) tienen que ser parte del esquema. Cada aerolínea tiene obligaciones de compensar su exceso de emisiones con referencia al promedio de los años 2019 y 2020, primero en relación a todo el sector y, a medida que pasa el tiempo, en relación a sí misma.

Para eso, como en todo sistema de permisos comercializables de emisión, el razonamiento de cada operador es comparar los costos de hacer ahorros operativos (por ejemplo, gastar menos combustible mejorando la técnica del piloto o cambiar el uso de electricidad), o mejorar la tecnología de su flota de aviones, o usar combustibles más limpios, con lo que le cuesta no hacer dichas mejoras sino comprar esas reducciones de emisiones a un tercero. Ese tercero puede ser alguien que hizo reducciones bajo el Acuerdo de París sobre cambio climático (esto es, redujo emisiones en sectores que no son la aviación, como ganadería o energía). Gracias a estos bonos de carbono, las reducciones de emisiones se harían de la manera más barata posible.

Hasta ahora, nuestro país no ha elegido participar en este esquema de forma voluntaria. Tampoco es seguro que deba hacerlo a partir de 2027 ya que dependerá de cuánto aumente su sector de aviación internacional. Distinto es el caso de Brasil y Chile, que por su volumen de tráfico aéreo estarán involucrados en CORSIA. Así y todo, Argentina puede verse afectada de forma indirecta por este esquema al menos por dos vías. Por un lado, Argentina tiene obligaciones que cumplir en el Acuerdo de París. Comprometió una meta fija de emisiones de gases de efecto invernadero que no puede exceder al año 2030.

Para cumplir con ese objetivo tiene previstas una serie de medidas de aumento del uso de energías renovables o de promoción del transporte público, por ejemplo. Si el país lograra sobrecumplir su meta, la demanda de toneladas de carbono del esquema de CORSIA podría ser uno de los destinos de esas reducciones adicionales. Por otro lado, si nuestros vecinos forman parte del esquema, puede implicar cambios de ruta. Los incentivos de las aerolíneas estarían en hacer menos

tramos internacionales entre países con compromisos así que, según como sean los costos, Argentina podría aumentar su atractivo como un país de paso.

Argentina está siguiendo las negociaciones de la OACI. Se habla mucho de las aerolíneas low cost, y este también es un tema a tener presente. Sin dudas, considerarlo, contribuirá a una mejor estrategia de "Revolución de los Aviones".

Fuente: El Cronista