29/08/18

El Gobierno negocia cambios con el FMI para frenar la crisis

Es porque las pautas del acuerdo original ya quedaron desfasadas. También será clave la aprobación del Presupuesto.


George Washington, visto por Sábat

El problema ya no es simplemente la tormenta. El problema es para Mauricio Macri y su gobierno la duración. ¿Hasta cuándo? Amén de la infinidad de enigmas que encierra. Entre ellos, como planteó hace pocos días el académico radical Pablo Gerchunoff, conocer con exactitud si el poder posee verdaderamente una brújula para conducir bajo aquellas condiciones de enorme adversidad.

El Presidente afirmó ayer que “seguimos atravesando tormentas y enfrentando problemas propios y del mundo”. Lo hizo durante una recorrida por el yacimiento de Vaca Muerta, donde fue inaugurada una planta central para el procesamiento de gas. Estuvo acompañado por el CEO de Techint, Paolo Rocca. Casi una metáfora de la tormenta a la cual se suele aludir. La crisis económica, que comenzó con la corrida financiera de mayo, junto al escándalo de los “cuadernos de las coimas”.

La principal empresa argentina también fue rozada aunque no por anomalías en la obra pública de la década kirchnerista, en la que casi no participó. El entuerto surgió, en este caso, por las coimas pagadas para que el entonces presidente de Venezuela, el fallecido Hugo Chávez, liquidara la indemnización por la expropiación de SIDOR, la siderúrgica perteneciente a Techint. A raíz de ese episodio existe un imputado arrepentido, Héctor Zabaleta, que aportó información al juez Claudio Bonadio.

La combinación entre el escándalo y la volatilidad de la economía es lo que siembra incertidumbre. Porque el deterioro global no se detiene. El dólar sigue escalando: en la última jornada superó la barrera de los $ 32. Pese a una nueva subasta del Banco Central. En un año trepó ya el 83%. A este ritmo resulta difícil predecir el valor de la inflación para el 2018. Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda y Finanzas, reconoció que el PBI caerá este año un 1%. El Presupuesto elaborado en tiempos de supuesta bonanza (2017) fijó un 3,5% de crecimiento. La brecha ilustraría la profundidad de la crisis.

Por cuarto mes consecutivo cayó la venta de inmuebles. Gerardo Martínez, el titular de la UOCRA, blanqueó la semana pasada que en su sector se registra una pronunciada pérdida de empleo. Cerca de 50 mil puestos. El Gobierno hace una minuciosa disección para que la obra pública en marcha no resulte afectada por el impacto de los “cuadernos de las coimas” en empresas que participan de emprendimientos públicos. Habrá que ver los resultados.

El Gobierno sigue empeñado en enviar señales para sosegar la intranquilidad de los mercados. A veces daría la impresión de que ninguna es suficiente. O que llegan tarde. Dujovne le solicitó al FMI otro desembolso de US$ 3.000 millones que estarán disponibles en septiembre. La Casa Rosada está ocupada en poder encadenar otro par de sucesos. La aprobación del Presupuesto con el ajuste fiscal del 1,3% pactado con el organismo. El reseteo también de algunas pautas establecidas en el acuerdo original. En especial, para atender las secuelas de una crisis cuya peor parte todavía no llegó. Se trataría de un tradicional waiver (perdón). Aunque ninguna de las partes parece interesada en presentarlo de ese modo.

La discusión del Presupuesto está radiografiando la difícil realidad opositora en todos los campos. El político y el sindical. La posibilidad de un acuerdo de Cambiemos con el peronismo clásico está latente. Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, contabiliza alrededor de 9 distritos comandados por el PJ que estarían dispuestos a aportar sus votos. A eso podrían añadirse las cinco provincias en manos de la coalición oficial (Buenos Aires, Ciudad, Corrientes, Jujuy y Mendoza). Y además Neuquén, liderada por el MPN. El socialismo de Santa Fe está todavía intransigente.

Los números van variando porque muchas veces la política mete diabólicamente su cola. Macri habló la semana pasada, en la visita a Tucumán, de la corrupción kirchnerista que explicaría, en parte, la crisis económica presente. Juan Manzur se sintió muy incómodo porque mantiene una interna con su predecesor. El senador José Alperovich suele ir y venir de la comarca de Cristina Fernández.

Casi en paralelo con esa escaramuza, un grupo de mandatarios del PJ emitió una declaración negando la cercanía del acuerdo por el Presupuesto. Pero Manzur se habría ocupado durante el fin de semana de bajar los decibeles de la ofuscación tendiendo puentes con Marcos Peña, el jefe de Gabinete y el propio Frigerio.

Aquellas ambivalencias se comprueban también en el terreno sindical. Nadie renuncia allí a la reivindicación de salarios ni a la custodia de los puestos de trabajo. Pero queda claro que los proyectos políticos comienzan a tomar otro rumbo. Algunos en sintonía con la tarea del PJ. Otros afines a la confrontación. Aliados, sobre todo, a la jefatura de Cristina.

La ruptura de Hugo Moyano con la conducción de la CGT (Juan Carlos Schmid, Héctor Daer, Carlos Acuña) parece un reflejo indesmentible. Sucedió durante la cumbre de la Comisión Directiva en la cual se cruzaron términos muy duros. Omar Pérez, de camioneros, dirigió el primer mensaje teniendo a sus espaldas la respiración de Moyano. Describió, según su entender, el panorama desolador económico-social. Acusó de tibios a los cegetistas. De falta de solidaridad.

¿Solidaridad con quién y por qué? Básicamente por no haber resuelto acciones directas a raíz de la multa que el Ministerio de Trabajo impuso a camioneros por violar una conciliación obligatoria. La misma de la que zafa en Buenos Aires Roberto Baradel, jefe de Suteba. La CGT había emitido una declaración expresa de condena. “Ahora le toca a ellos. En cualquier momento podríamos caer nosotros”, ilustró un dirigente de un gremio cegetista para explicar el rechazo.

Pérez desplegó otros argumentos. Cuestionó la decisión del triunvirato cegetista por haber mantenido una reunión con delegados del FMI. No le pareció apropiado que hombres del trabajo compartan algo con aquellos que “sólo usan trajes italianos”. Literal. Los popes sindicales, que se sepa, no acostumbran hacer sus compras en los outlets de Once.

La réplica, cuando Pérez y Moyano se ponían de pie para abandonar la reunión, llegó de boca de Omar Maturano. El conductor del gremio ferroviario de La Fraternidad. Que fue además anfitrión. Hizo una verdadera catarsis. Una descarga. Replicó, por empezar, las acusaciones sobre la ausencia de solidaridad. Recordó el desmantelamiento de los trenes en los 90 que, en el caso de su sector, diezmó los afiliados de 120 mil a los 30 mil actuales. “¿Cuáles fueron las voces que salieron en nuestra defensa?”, interpeló con enojo. Tampoco se privó de otra cosa. Enrostró a Moyano cómo durante la era kirchnerista, con la anuencia del Ministerio de Trabajo, se encargó de vaciar sindicatos medianos y pequeños para forzarlos a depender de la órbita de camioneros. Y convertir a Hugo en un líder supremo.

La ruptura de Moyano con la CGT tiene motivaciones paralelas a lo estrictamente laboral. El camionero siente que el triunvirato no le garantiza resguardo frente a su complicada situación judicial. Donde la multa resultaría casi una nimiedad: pesan mucho más tres de las causas judiciales en marcha por sospechas de lavado de dinero. Con eje en el club Independiente. Su nueva proximidad a Cristina, en ese aspecto, sería un escudo mayor. Junto a la CTA, los camporistas y alguna de las organizaciones sociales.

Maturano también aludió a dicha realidad. Cerró con una frase que terminó por espantar a Moyano y compañía: “Nosotros estamos para defender a los trabajadores. Pero también para asegurar gobernabilidad. Nunca pensamos en tumbar a algún gobierno”, disparó. ¿Por quién lo habrá dicho?

Fuente: Clarín