03/07/18

La perinola del Fondo para reformular los precios de la energía


Más allá de la letra del acuerdo, funcionarios de Energía interpretan la fórmula del Fondo Monetario Internacional para reformular los precios de la energía, particularmente los del gas, insumo protagónico en la matriz local: una especie de perinola donde todos ponen, empezando por los productores. Aunque faltan precisiones clave, ese camino ya fue sugerido por el propio Javier Iguacel. La incógnita es cuándo termina el juego y quién aportará más.

La devaluación obligó a revisar los precios sobre la base de que no hay resto económico (ni político) para que los usuarios afrontes subas tan altas como las previstas ni para que el fisco las evite con más subsidios. La mira va entonces hacia las empresas, que recomponen ingresos con esquemas muy generosos para contexto de crisis. Una prueba de esa estrechez fiscal son algunos atrasos que empezó a registrar en sus pagos Cammesa, la administradora del mercado mayorista eléctrico, que vehiculiza subvenciones comprando combustible para las usinas térmicas y cubriendo la parte del costo que las distribuidoras de electricidad no alcanzan.

En la medida que Hacienda le libera fondos, salda de inmediato las cuentas, dejando para el final de los pagos el gas que compra a los productores locales, cuenta que suma algo más de $ 6000 millones por mes. El gasoil o fuel oil importado debe pagarse cash o no desembarca, así que no hay mucha opción ante el dinero escaso.

El otrora ministro Juan José Aranguren ganó detractores por su impudicia para confrontar a fin de defender los fondos que Energía necesitaba para fines distintos. El coordinador económico del gabinete, Gustavo Lopetegui, y el secretario de Hacienda, Rodrigo Pena, pueden dar fe de ello. Pero los tiempos cambiaron y el ministro también. Por el contexto de su gestión y personalidad, Iguacel tendrá menos reparos en subordinarse a los límites que le imponga Nicolás Dujovne.

Las petroleras no están desveladas por los circunstanciales atrasos de Cammesa, ya que descuentan la voluntad oficial de pagar. Su verdadera inquietud es cómo defender un sendero de precios dolarizados de gas y, fundamentalmente, el cobro al tipo de cambio más alto posible. Esto las enfrenta hoy con las distribuidoras, que se niegan a liquidar los pagos de su insumo a un tipo de cambio muy superior a los u$s 20 la unidad. "Hubieran contratado un seguro de cambio", chicanea un proveedor.

Todas quieren defender su renta en dólares pero saben que tendrán que moderar su afán. "No tenemos cómo presionar al Gobierno, ya que hay hidrocarubros garantizados hasta fin de mandato. El tema es cuánto hay que poner y quién lo pone", sintetizaba el ejecutivo de una de las principales productoras de gas.

Pero el bloque petrolero registra diferencias intestinas severas sobre cuál debe ser el precio del petróleo y la nafta, según dónde estén paradas en el negocio: si sólo producen (ej: Pluspetrol), si también refinan (ej; YPF); si sólo refinan (Shell). Las diferencias son importantes, aunque todas reconocen que hay un límite para sostener la dolarización y el ensamble con el crudo a valor internacional.

Por ahora hay ensayos matemáticos en busca de una propuesta privada que conquiste la venia oficial: con piso y techo temporarios, acuerdos con tipo de cambio promedio y otros recursos para eliminar incertidumbre y defender caja privada. Las empresas encontraron a un Iguacel tan comprensivo de sus afanes como limitado para sostener su sueño de precios muy altos en moneda dura. No son los únicos con nervios alterados.

Los generadores de renovables que efectivamente hicieron inversiones están mordiéndose las uñas. No sólo porque tienen contratos a largo plazo en dólares sino porque dependen el Estado para que aumente la capacidad de transporte eléctrico.

Energía está alistando prepliegos para licitar la primera de ocho líneas mediante el sistema de Participación Pública Privada, atajo para desarrollar infraestructura sin desembolsos estatales inmediatos. Pero esta empresa de u$s 2300 millones tampoco se ve fácil. En un seminario internacional sobre el tema que el jueves pasado congregó a banqueros, abogados y funcionarios en Buenos Aires repiquteó la duda todo el día: ¿Cómo podrá financiarse un emprendimiento cuyo repago depende de la tarifa futura o de la garantía estatal y requiere colocar títulos contra esos aportes futuros?...

Las dificultades marco obligan al macrismo a prácticas denostadas como la de mirar los costos reales de producción más que empujar el maridaje con el mundo. ¿Por qué sacrificar a toda la cadena con más subas si con u$s 4 el MBTU y u$s 65 el crudo, por ejemplo, los números cierran cómodos para producir?...

El Fondo no objeta la prosperidad empresaria, que anima inversiones, en particular las de Vaca Muerta. Pero según fuentes próximas al círculo decisorio, Christine Lagarde entiende que llegó la hora de alivianar la carga del último eslabón de la cadena (usuarios) en desmedro del primero. Nada de sensibilidad. Puro pragmatismo.

Fuente: El Cronista