07/05/18

La política tarifaria de Macri-Aranguren bajo la lupa del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz (IESO)


En medio de la fuerte polémica entablada por los aumentos en los servicios de luz y gas y los proyectos que se debaten en el Congreso para morigerar el impacto de las subas, un nuevo trabajo del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz (IESO) alertó sobre dos puntos clave de la política tarifaria energética que lleva adelante el Gobierno de Mauricio Macri.

Por el lado del sector eléctrico, el real estado del servicio que recibió la administración macrista en diciembre de 2015 y la prolongada falta de inversiones de Edenor y Edesur.

Y por el lado del sector gasífero, la injustificada dolarización del valor interno del gas que afecta los precios de toda la cadena energética y las facturas finales que afrontan los usuarios.

Al analizar la SITUACIÓN DEL SECTOR ELÉCTRICO, los técnicos y profesionales del IESO destacaron las siguientes cuestiones:

--Es una falacia que este gobierno recibió un sector energético en emergencia total, como sigue afirmando para justificar sus políticas, y especialmente el tarifazo. A diciembre de 2015 teníamos oferta suficiente de generación de electricidad, con sobrante muy justo es cierto, pero sin sobresaltos hasta ese momento. La inversión realizada en este segmento había sido importante, quizás no suficiente para un futuro de pleno desarrollo. Distinta era la situación en la distribución en el área metropolitana, con deficiencias grandes en las instalaciones, producto de la desinversión. No ocurría lo mismo en las provincias, en las cuales el servicio había recibido mayores inversiones, dependiendo de cada caso. La red de transporte nacional satisfacía también la llegada de la energía a los nudos centrales del consumo, con motivo de importantes inversiones en su desarrollo.

--El costo de generación, que es igual para todo el país, estaba subsidiado, y eso fue una decisión política destinada a fomentar el consumo y la producción, un subsidio que se ha comprobado menor que en muchos países importantes del mundo.

--La carga de ese subsidio por igual a todos los usuarios nacionales no era bueno porque beneficiaba a los sectores más vulnerables de la misma manera que a las capas más ricas de la población. Esta circunstancia era la contrapartida de la política de subsidios para fomentar el consumo. Es cierto que respecto del costo de generación debía dejarse de a poco esos subsidios, que eran excesivos, en una determinada proporción, también una decisión política en su graduación, la que debía enmarcarse en una cosmovisión mayor de la economía y de la propia energía.

--Con relación a la otra mitad del costo eléctrico en la tarifa, los valores de distribución, que implican la gestión y mantenimiento de las redes e instalaciones que llegan a los usuarios, en el área metropolitana también estaban subsidiados en exceso, con dos desbalances: uno que ya comentamos para la generación respecto de los sectores sociales beneficiados, y otro que tenía que ver con la diferencia que representaba esa ayuda respecto de los precios existentes en las provincias. En las diferentes provincias, en cambio, el costo de distribución fue mantenido relativamente cercano a sus costos, incluso a veces en exceso en algunas de ellas, por lo cual la quita de subsidios a la generación en las provincias tuvo un efecto muy fuerte, de una intensidad muy grave, y desproporcionado nuevamente con el del área metropolitana.

--Pero al quitar los subsidios a la distribución en el área metropolitana no se tuvo en cuenta el estado de las instalaciones, desinvertidas por Edenor y Edesur por muchos años, a pesar de sus contratos de concesión por 99 años, que los obliga a honrarlos en las buenas y en las malas. Y entonces tarifas impresionantes con malos servicios han creado un profundo malestar en la población, que sospecha con razón, que el servicio no mejorará en menos de seis (6) años, siempre que se hagan fuertes inversiones, hoy insuficientes.

Por su parte, en el caso del SECTOR GASIFERO las aristas más relevantes del informe del IESO pusieron sobre el tapete la siguiente realidad:

--En las tarifas de gas eran mucho menores los subsidios respecto de las de electricidad. ¿Porqué? Porque la producción de gas, que representaba el 70% de la tarifa, contenía una gran parte de ella pagada por los usuarios a sus costos reales. Es mentira que en gas todo estaba subsidiado, que sí existía en alguna medida en el transporte y distribución, que representaba el otro 30% de la tarifa. Los usuarios residenciales pagaban el costo de producción, compuesto por el precio del gas en boca de pozo, más ganancias, que representaba aproximadamente 1,90 dólares.

--Pero el gobierno engañó al país, argumentando subsidios inexistentes, salvo los mencionados, y propuso un precio creciente del gas, en un sendero de tres años hasta llegar a 6,80 dólares la unidad.

--De paso dolarizó el gas, y con ello toda la energía, que depende principalmente de ese precio, especialmente el costo de electricidad cuya generación depende en un 60% del precio del gas. Y de esta manera dolarizó también gran parte de la economía. En ese camino, el precio actual promedio de la producción (el PIST en la tarifa) está en los 5 dólares el millón de BTU. Y los ajustes tarifarios en “transporte” sobre todo, pero también en “distribución”, han contribuido a que la tarifa de gas tenga también montos impagables por sus valores enormes.

--En el gas por lo tanto la cuestión tarifaria no es el gradualismo o la razonabilidad, como en electricidad, sino la absoluta falta de justificación en el valor asignado a la producción. El gobierno argumenta que eso es necesario para asegurar un estímulo a los inversores y a la producción. Lo que está diciendo es que los usuarios financien a las empresas petroleras para que produzcan más petróleo, y sobretodo más gas.

--Eso es exactamente lo que está ocurriendo: con estas tarifas estamos subsidiando a las empresas petroleras por miles de millones de dólares al año, sin que exista en contrapartida una obligación de invertir y aumentar la producción. Por el contrario, la producción de petróleo no aumenta y la de gas está estancada, y los dólares se embolsan o fugan.

Fuente: Transporte y Energía