28/05/18

El precio de las naftas, bajo presión por el alza del petróleo y del dólar

El costo del crudo se duplicó el último año y la devaluación complica. “Un litro de nafta pasó de costar US$1,29 hace 3 meses a US$1,03”, dicen.


El Gobierno acordó congelar las tarifas hasta el 30 de junio.

La suba constante del petróleo más la devaluación presionan sobre los precios de los combustibles.El acuerdo del Gobierno con las petroleras para suspender aumentos por dos meses amortigua -provisoriamente- los efectos inflacionarios, considerado por los analistas como “una medida positiva”. Sin embargo, “los ajustes, a la larga, llegarán”, advierten. La contrapartida es que el alza internacional del crudo es un incentivo para aumentar la producción local, que permitirá ir achicando el grueso déficit de la balanza energética.

Las petroleras estiman que los precios de las naftas y el gasoil deberían aumentar 12%, que cotizan sobre las dos variables mencionadas. El barril de petróleo (Brent) ya roza los US$80, esto es casi 53% más que hace un año (US$46,4). “El precio del crudo es el insumo principal de las refinerías (representa el 80% del costo de la producción básica”, explica el consultor especializado Eduardo Barreiro. Ese porcentaje, aclaró, no incluye impuestos (cerca del 50% del precio final), transporte y las ganancias de las estaciones de servicio.

De todos modos, “un litro de nafta pasó de costar US$1,29 hace 3 meses a US$1,03”, ejemplifica Barreiro, para demostrar la doble presión que implica la suba del petróleo y la reciente devaluación del dólar. El precio de los combustibles tienen un impacto directo en el índice inflacionario, sobre todo los alimentos, en un contexto de subas generalizadas por la suba del dólar y el alza tarifaria. “Por ahora, las petroleras asumen los mayores costos de frenar los aumentos, pero esto no se puede sostener en el tiempo”, interpreta Fausto Spotorno, director de Orlando Ferreres & Asociados.

Todo deriva de los cambios que introdujo el Gobierno para alinear los precios internacionales y locales para recuperar el autoabastecimiento energético, perdido en 2011. Aquel año las importaciones aumentaron por encima de las exportaciones, con el barril de crudo cotizando por encima de US$100. En 1998, cuando costaba US$10, la Argentina era un país exportador, claro ejemplo de una política contracíclica perjudicial.

“La Argentina tuvo en 2017 un déficit de la balanza energética de unos US$4.000 millones, una cifra equivalente al 47% del total del déficit comercial”, dice Marcelo Elizondo. Las proyecciones para este año difieren. Para Elizondo, el desequilibrio podría incrementarse por el alza del petróleo. Spotorno, en cambio, cree que podría bajar a US$3.000 millones, porque “mejoran las exportaciones de gas y hay un clima más favorable”, por lo que se prevé una menor demanda.

El alza del precio del crudo de los últimos meses obedece a varios factores. La mayoría interpreta que la causa principal es la crisis venezolana, una potencia petrolera que pasó de producir 3,5 millones de barriles diarios a poco más de 1 millón. Elizondo enumera otros, como “las sanciones de EE.UU. a Irán, los recortes de OPEP, los problemas de producción en Nigeria y los riesgos geopolíticos”. “¿Si el precio va a seguir subiendo? No lo sé, es muy aventurado decirlo. Lo que sí es cierto es que hay un nuevo punto de equilibrio”, opina Luis Stinco, director de la consultora Olium Petra y docente de la UBA y el ITBA.

Un economista de larga trayectoria lo traduce: “Salvo que haya una crisis, tenemos un nuevo piso en los precios”, dijo. El impacto de esa suba tiene dos caras. El traslado a las tarifas de la nafta y el gasoil al consumidor interno, por un lado, pero también una mejora en los márgenes de rentabilidad para las compañías productoras, lo que implica “un cambio en el horizonte para el desarrollo de proyectos e inversiones que ya estaban comprometidas”, dice Stinco.

La desregulación del precio de los combustibles tiene, además, el efecto de retirar subsidios al consumo y transparentar las tarifas, un factor considerado clave para el Gobierno en su afán por achicar el déficit fiscal. Todavía no están claras las consecuencias del acuerdo con las petroleras para suspender aumentos. A principios de mayo, el Ministerio de Energía firmó “un acuerdo de estabilidad de precios” con YPF, Shell y Axion Energy (las tres grandes del sector), una medida que regirá hasta el 30 de junio.

En el otro extremo de la cadena está la producción, que encuentra nuevos incentivos para concretar proyectos. El gas explica gran parte del déficit comercial, pero la extracción petrolera viene en declive. “La producción de petróleo bajó 6,1% en 2017”, según un estudio de la consultora Economía y Regiones elaborado con datos del Ministerio de Energía. Con la suba del crudo, las cuentas podrían cambiar, pero no rápidamente.

“La mayor parte de las inversiones se destinaban al gas y las nuevas tardan en dar resultados”, subraya Spotorno. La balanza comercial petrolera (importaciones y exportaciones) está equilibrada, coinciden los especialistas, aunque esto no tenga impacto para consumidor (el precio final de la nafta y el gasoil). ¿Cuál sería el beneficio, entonces, de un potencial incremento en la producción local? “Con la desregulación del mercado vamos a pagar lo mismo. Pero tendríamos que plantearnos, como país, si preferimos consumir nuestro petróleo y gas o transferir la rentabilidad al exterior”, resume un economista conocedor de la industria.

Stinco celebra la política oficial de liberar los precios (atarlos al mercado mundial) como fórmula para resolver la crisis. “La suba genera una mayor rentabilidad y muchos proyectos que estaban sobre la mesa para definirse, podrían concretarse”, añade.

El desafío actual consiste en generar un marco adecuado y consistente para afianzar proyectos de inversión a largo plazo. Las petroleras reclaman estímulos a la producción, más allá del alza de los precios internacionales. Los resultados -insiste Spotorno- se verán a largo plazo. “Los nuevos recursos tardan mucho tiempo, porque en su mayoría, los esfuerzos se vuelcan en pozos ya maduros”, dice el economista, que rinden menos y exigen mayores inversiones.

En materia energética, la Argentina cuenta con Vaca Muerta, una promesa que esconde bajo tierra un enorme reservorio de shale gas y shale oil, cuya extracción es más costosa que las explotaciones convencionales. Si bien la mayoría de los recursos de Vaca Muerta son gasíferos, la llegada de nuevas inversiones podrían limar el desequilibrio de la balanza.

“La Argentina tiene recursos pero su explotación es costosa. Los pozos petroleros convencionales están maduros y los costos son altos. Los yacimientos de shale (oil y gas) también son caros, por lo menos hasta que la tecnología que se aplica vaya evolucionando y se abarate”, explicó un entendido.

Fuente: Clarín