15/01/18

Demoran suba de naftas para evitar resentir el consumo en el verano

Oil aumenta mañana 6% y el resto mira a la competencia. No se detiene el aumento del crudo, que impacta directamente en los surtidores y colabora con más inflación


Contra todos los pronósticos, el petróleo se encamina a cotizar u$s 70 por barril en el mercado de Londres y los consumidores argentinos todavía no pagan por ello. Recién mañana Oil Combustibles moverá un 6% la nafta súper y se especula con que las grandes firmas están resignando precios más altos para no perder ventas.

En una curiosa puesta en escena de bautismo del mercado desregulado, será la empresa con la que el empresario Cristóbal López eludió impuestos y no la estatal YPF la que primero aplique el naftazo. Así, desde este martes pasará a cobrar $ 24,02, desde los $ 22,66 que percibe actualmente por cada litro de nafta súper.

Con costos en alza por la suba del crudo y del tipo de cambio, en el sector creen que la demora en aplicar el incremento que todos daban por descontado que se haría en los primeros días del año busca no resignar ventas en medio de un sostenido aumento del consumo de los combustibles premium y la temporada alta de vacaciones de verano.

Desde el 2 de diciembre, la fecha en la que se produjo el último incremento (de 6%), el crudo Brent pasó de u$s 63,73 a u$s 69,80 por barril, un 9,5% más. El dólar, a su vez, cotizaba a $ 17,58 y ahora está a $ 19,06 para el público minorista, con un alza de 8,4%. En ese sentido, se calcula que la suba de las naftas debería rondar el 10%.

Sin embargo, las empresas prefieren por el momento aguardar hasta que se logre cierta estabilidad en ambos precios de referencia. Con un aumento cercano al 20% interanual en la demanda de nafta premium para todo 2017, se especula con no subir aún más los gastos de los automovilistas en pleno recambio turístico y mientras las salidas al exterior se hacen cada vez más frecuentes por la diferencia con los precios locales.

Otra de las teorías en danza es que las petroleras esperaban el regreso de las vacaciones del ministro de Energía, Juan José Aranguren (que volvió el pasado miércoles), para conversar con el Gobierno, a sabiendas de que correspondería un fuerte aumento. Fuentes oficiales negaron esa posibilidad y repitieron que desde octubre ya no se interviene en el mercado.

Con todo, en las compañías también critican que los estacioneros independientes "confundan" a la opinión pública con sus apariciones en los medios, en las que pronostican novedades que finalmente no se concretaron en los últimos días.

Lo cierto es que el contexto internacional le dio un duro golpe a los planes oficiales. La idea de desregular el mercado, con el fin del "barril criollo", pretendía trasladar a los surtidores la baja del petróleo a nivel mundial, que en las estaciones de servicio tenía un precio más alto por un subsidio directo de los consumidores a las petroleras. Ya sin intervención gubernamental, el precio del crudo subió un 50% en tan solo un semestre.

Durante los años de gobierno kirchnerista, con el petróleo a más de u$s 100 por barril, las retenciones pisaron los precios locales como una forma de subsidio indirecto a la demanda, que pagó por un largo tiempo mucho menos de lo que costaba la nafta. Esa fue una de las principales razones que esgrimen las petroleras hundió la inversión y desmoronó las reservas de gas y petróleo en los últimos 15 años.

Sin embargo, con la fenomenal caída de los precios internacionales a partir de mediados de 2014, giró la ecuación y los consumidores argentinos empezaron a pagar los combustibles líquidos más caros que en el resto del mundo. La desregulación que intentó el macrismo iba en el camino de arrojar mayor justicia, pero salió al revés de lo planeado.

Según reconoció el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, las periódicas subas de naftas sumaron un punto porcentual a la inflación en 2017, que terminó cerca de 25%. Con un objetivo de 15% para este año y sin intervención estatal, la suerte de la meta de inflación depende en buena medida de la industria petrolera.

Fuente: El Cronista