29/11/17

Jubilación de privilegio: restaurados, coches de Línea B del subte descansan en Japón

Los vagones fueron restaurados según las tres etapas clave en su historia. Los Mitsubishi serie 500 datan de 1957.


De Japón a Argentina y de Argentina a Japón. Ese fue el camino que recorrieron cuatro coches Mitsubishi de la serie 500 fabricados en el país asiático que desde este lunes son piezas de museo. Recorrieron los rieles tokiotas por 40 años y los porteños por otros 20 años. Finalmente descansarán y serán admirados en la comodidad de un museo en Tokio, mientras otras formaciones idénticas aún circulan por la Línea B de Buenos Aires, chirriando en las curvas y con la atmósfera sofocante de las horas pico.

Los vagones fueron presentados en ante la prensa por la empresa de subtes de Japón Tokyo Metro Co. luego de una restauración completa. Se recuperaron tres de los coches que el ente que dirige los subtes de la Ciudad de Buenos Aires, SBASE, donó en julio de 2016, mientras que un cuarto quedó para repuestos. En las imágenes que transmitió la televisión japonesa se reprodujo el informe de la compañía en el que se puede ver al subte en circulación en Buenos Aires, el proceso de transporte de los vagones cubiertos de grafitis, suciedad y óxido, y el producto terminado tras su paso por los talleres nipones.

La formación fue restaurada a partir de los tres momentos claves de su vida útil. Uno de los vagones recrea las condiciones originales del primero que empezó a funcionar, en 1957, en la línea Marunouchi, una de las principales de Tokio. Se puede ver en su frente, sobre la cabina del maquinista, el nombre de la estación cabecera de esa época: Ochanomizu. El segundo momento imita el estado en el que estaban al ser reemplazados por un nuevo modelo en 1996, antes de partir a nuestro país. Por último, en el otro frente está en su versión argentina con la leyenda "J. M. de Rosas" en honor al servicio prestado en el subte porteño por dos décadas. Son visibles las señales de seguridad en español, el mapa de estaciones de la Línea B de Alem a Rosas y hasta publicidades de la Ciudad.

En 1996 el subte porteño compró 130 vagones Mitsubishi que circularon con exclusividad por la Línea B y le aportaron su color rojo distintivo. En 2016, tras incorporarse formaciones del modelo CAF 6000 del Metro de Madrid, se sacaron de circulación 32 de los coches japoneses para dejar lugar a los "nuevos" (también usados) españoles que incorporaron aire acondicionado y sistema de apertura manual en las puertas. Además de los cuatro Mitsubishi donados al Metro de Japón, SBASE subastó los restantes 28.

Los presentadores de noticias y directivos que aparecen en las notas hablan de este modelo histórico. Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón quedó devastado. Doce años después de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki el archipiélago presentaba esta flota construida localmente. Otros años más, 1964, y Japón organizaba los Juegos Olímpicos inaugurando el tren bala en plena euforia económica que el mundo llamó "el milagro japonés". Más allá de su componente histórico, su valor nostálgico es fuerte entre los japoneses al haber circulado en una las líneas más importantes de su ciudad más populosa por cuatro décadas.

Paralelamente, se puede poner de ejemplo a los coches belgas La Brugeoise que funcionaron en la Línea A porteña desde 1913 hasta su jubilación al cumplir un siglo en marcha. El componente afectivo de varias generaciones de argentinos que viajaron en los vagones de madera se hizo sentir en su retiro. Actualmente se ofrecen visitas con recorridos limitados en una formación reciclada.

En la Línea B, las reliquias de los japoneses son nuestro trasporte diario. Se pueden encontrar inscripciones en japonés dentro de la formación, en la cabina del maquinista y en la maquinaria junto a las ruedas. En algunos de los vagones se puede encontrar la fecha de fabricación expresada en el calendario japonés que se rige por los emperadores al mando, con referencia a algún año del período Showa (1926-1989) que corresponde al emperador Hirohito, padre del actual Akihito. También, si se mira con atención, se pueden encontrar frases en japonés rayadas en las marcas de las ventanas que hablan de unos pasajeros nipones que en su momento no eran tan cuidadosos del transporte como lo son hoy en día.

Los vagones de la Línea B transportan a diario su caudal de pasajeros en Buenos Aires. No es imposible que al viajar bajo el Obelisco imaginemos que esos túneles atraviesan el tiempo hasta el momento en el que eran flamantes. Llenos de japoneses en traje, con maletines y sombreros sesentosos. Y esas imágenes de pronto se fusionan con nuestros músicos callejeros y los vendedores de lapiceras, golosinas y clips para el pelo.

Los tres vagones restaurados están siendo exhibidos al público en Tokio hasta el 10 de diciembre. Su color rojo con bandas blancas y cintas helicoidales plateadas en los costados y sus asientos de felpa nueva. Todo brillante, impecable. Las entradas son limitadas y las vacantes para asistir ya fueron superadas diez veces por los pedidos recibidos. Tal vez algunos de los japoneses que sí puedan caminar por el coche estilo porteño también imaginen viajar a otro continente, a otra década, a otro subte.

Fuente: Ámbito