04/09/17

Crearon en el aula un termotanque solar para que vecinos humildes ahorren gas y luz

Docentes y alumnos de la Untref instalaron el primero en una zona pobre de Merlo. Y están fabricando más junto con los propios vecinos.


Vecinos, alumnos y el profesor Juan Somoza (cuarto desde la izquierda), en plena instalación.

En Barrionuevo, Merlo, hay un centro comunitario que tiene agua caliente gracias al compromiso de 16 estudiantes y dos aguerridos profesores de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Es que, además de los experimentos en el laboratorio que hacían en la carrera de Ingeniería Ambiental, estos alumnos querían “ir más allá de la teoría” y mejorar la vida de las personas. Un termotanque solar se alza sobre el techo del centro, y no sólo les garantiza ahorrar en servicios: también favorece al medio ambiente.

Las ganas de salir a ayudar con sus conocimientos y la necesidad con la que se toparon en regiones cercanas del Conurbano, terminaron en la creación de termotanques solares solidarios. Eligieron Barrionuevo porque hallaron allí a vecinos organizados con una dinámica comunitaria.

“La gente está acostumbrada a los procesos colectivos. Trabajan juntos buscando soluciones y, por eso, fue muy sencillo convocarlos y contarles el proyecto. Además las Esclavas del Sagrado Corazón, voluntarias de una parroquia del barrio, nos ayudaron a contactarnos”, cuenta Omar Tarditi, profesor que dirige el proyecto junto a Juan Somoza.

El trabajo para la fabricación de los termotanques es codo a codo con los beneficiarios. Hay una constante retroalimentación entre los saberes técnicos de los estudiantes y los conocimientos prácticos de los vecinos que, en su mayoría, tienen nociones de albañilería, plomería y demás oficios.

Así, mientras unos enseñan cómo hacer el aparato con tubos de aluminio y cajones, los otros saben de materiales y preparan los espacios propicios para la instalación.

“El primer encuentro fue hermoso. Se movilizaron muchas cosas. Tuvimos una muy buena recepción. Nos agradecían y compartían su realidad”, explica Agustina Belogi (25) de las primeras alumnas en sumarse al proyecto.

Ya pusieron en funcionamiento el primer termotanque, pero eligieron a cinco familias en situación de pobreza extrema para entregarles un aparato similar y, según explican, mejorado.

“Los vecinos van a participar del armado y, a su vez, invitamos a otros miembros de la comunidad que se quieran sumar. La gente puede llevar sus materiales y participar en la jornada de la construcción, que suele llevar unos tres días entre cortar, armar, instalar y adecuar los termotanques a las casas. Lo más innovador es el proceso de transferencia ideológica, que no es unidireccional”, apunta Omar, quien adelanta que otros profesores y alumnos decidieron tomar cartas en la mejora del acceso al agua del barrio.

Además de las construcciones, los estudiantes crearon en el mismo barrio de Merlo un centro de apoyo escolar y actividades ambientales.

“Lo vemos como una especie de integración. Queremos armar una compostera que quede ahí. Que empiecen a implementar estas cosas en sus casas”, cuenta Agustina, que ve a esas actividades como una forma de mantener la conexión con los vecinos.

La comunidad de Barrionuevo es bastante grande, pero son cerca de cien los vecinos que participan de todas las actividades propuestas por la Untref. “La respuesta es muy buena porque muchos sabían de los termotanques, ya que trabajan en countries de la zona. Además, junto a ellos, los alumnos pudieron dimensionar las opciones que tienen como ingenieros ambientales”, expresa Omar.

La mayoría de las personas del barrio tienen garrafas o pequeños y peligrosos termotanques eléctricos. La nueva tecnología apunta a reducir ese consumo y ayudar al medio ambiente.

“De esta manera podemos acercar a la sociedad el agradecimiento por pagar la educación pública. Retribuir nuestros conocimientos a través de la transferencia a la comunidad. Está bueno que estos proyectos vayan mutando y esparciéndose por el país”, cierra, esperanzada, Agustina.

Fuente: Clarín