20/09/17

China: cómo funciona una de las redes de autos eléctricos compartidos más grandes del mundo

Cada unidad tiene un promedio de uso de cuatro usuarios por día y cuesta tres dólares por hora.


Pand-Auto es uno de los sistemas de autos compartidos más grandes del mundo y el más importante de China.

Ponerse de acuerdo entre varios para utilizar solo un vehículo para ir a un lugar en vez de que cada uno vaya en el suyo es una convención que se creó casi con el automóvil. Muchas veces por cuestiones económicas y otras por disponibilidad de tiempo, el compartir el auto siempre termina siendo una solución.

Hace aproximadamente una década, esta modalidad comenzó a masificarse cuando varias empresas de autos advirtieron que podría transformarse en un muy buen negocio, especialmente por el bajo interés que tienen las nuevas generaciones en adquirir un vehículo propio. Algo que, además, se va incrementando cada vez más.

Es por eso que nació el "car sharing" o auto compartido, que está disponible en muchas ciudades del mundo y que permite utilizar un vehículo por un tiempo reducido y sin la necesidad de contratarlo todo un día como ocurre con las empresas de alquiler tradicional.

Al igual que el sistema de bicicletas que se puede rentar por un corto espacio de tiempo en grandes urbes mundiales (la ciudad de Buenos Aires es un ejemplo), las estaciones para retirar el vehículo estás distribuidas en distintas partes de la ciudad. Solo basta una aplicación, en la que hay que estar registrado y a la que hay que asociarla con una tarjeta de crédito, para llegar y retirar el auto.

La ciudad de Chongquing, ubicada en el centro de China y con una población que está por encima de los 30 millones de habitantes, cuenta con el Pand-Auto, uno de los sistemas de autos compartidos más grandes del mundo y el más importante del gigante asiático.

A diferencia de otras plataformas similares, la primera particularidad del Pand-Auto es que toda su flota está compuesta por autos eléctricos: se trata del Lifan 330 EV, una versión eléctrica desarrollada exclusivamente para este negocio, que pertenece a la marca china. La aplicación ya tiene más de un millón de registrados y hace tan solo tres años que está en funcionamiento.

La segunda particularidad tiene que ver con el diseño del vehículo. Es imposible no relacionar las líneas y proporciones de este auto con las del Mini Cooper. Con la diferencia que Lifan ofreció la versión de cinco puertas antes que el fabricante británico para adaptarlas a las necesidades del mercado más grande del mundo (el año pasado se vendieron 25 millones de unidades).

De todos modos, eso no la exime de haber cometido un rotundo plagio. En casos similares en el pasado, la justicia china falló a favor de los fabricantes locales y es por eso que modelos como este se siguen produciendo y también que las marcas occidentales cesaran en sus reclamos.

Volviendo al Pand-Auto, la gama disponible en todo china consta de más de 6.400 unidades, de las cuales casi la mitad (poco más de tres mil) se distribuyen en la ciudad de Chongquing.

Usarlo es muy simple. Desde el teléfono celular, la aplicación muestra cuál es la estación más cercana a nuestra ubicación que tiene vehículos disponibles. La disponibilidad no solo depende de que haya autos físicamente en el lugar, sino que, además, cuenten con carga suficiente en las baterías. Esta información la veremos desde el teléfono.

Al confirmar la operación y llegar al vehículo, el usuario recibirá una llave virtual al teléfono móvil, con el que destrabará las puertas y estará habilitado para poner en marcha todo el sistema eléctrico. El costo de uso de una unidad de Pand-Auto ronda los tres dólares por cada hora.

Una vez concluido el uso, el usuario podrá devolver el vehículo en cualquiera de las más de 300 estaciones que están distribuidas en Chongquing. Y utilizará la misma llave virtual que recibió al confirmar la operación para trabar las puertas. Según el tiempo utilizado, se hará el pago automático con la tarjeta de crédito.

En otros sistemas de autos compartidos que cuentan con vehículos eléctricos en su gama, muchas veces se depende de que el usuario que usó antes el vehículo haya dejado bien enchufado en la estación de devolución para que las baterías se recarguen.

En este caso el trabajo lo hace la propia Lifan, que instaló 15 estaciones de recarga de baterías. Su sistema es muy distinto al utilizado por otros, en los que hay que enchufar los autos para recargarlos.

En el caso del Pand-Auto, se retiran las baterías descargadas del vehículo y se las cambia por unas con carga completa (que dan una autonomía de 180 kilómetros sin usar el aire acondicionado y en condiciones ideales), en un proceso que demora 3 minutos. Y la recarga completa de las baterías, de dos a dos horas y media.

Este mantenimiento lo realiza la empresa pero también es posible que un usuario pase por alguna de estas estaciones, sin costo extra. Es también por este proceso que el Lifan 330 EV, es decir, en su versión eléctrica, no está a la venta al público, ya que no hay otro modo de recargar las baterías.

En megaciudades como esta, en donde mantener un vehículo propio suele ser muy costoso y los niveles de polución muy altos, el sistema del auto compartido con vehículos eléctricos es sin dudas una opción que se irá imponiendo cada día más. El promedio de cuatro usuarios diarios por cada unidad en la ciudad de Chongquing es bastante elocuente.

Fuente: Clarín