31/08/17

Los mejores pilotos del mundo intentan desafiar los límites de la física con un avión sin motor

El mal tiempo impidió que el Perlan 2 llegara hoy a los 15.642 metros y batiera un récord de altitud. Volverán a probar el domingo.


El planeador Perlan remonta vuelo el en El Calafate, Santa Cruz. Foto: telam

La elite de la aeronáutica mundial se dio cita en El Calafate, Santa Cruz, para hacer realidad uno de los grandes retos de la aviación moderna: que un planeador sin motor viaje hasta el límite del espacio, logrando una elevación que duplica la que habitualmente alcanzan los vuelos comerciales. Debido a las inclemencias meteorológicas, el Perlan 2 no pudo superar la marca fijada, que es traspasar los 27.400 metros. Se espera que recién para este domingo estén dadas las condiciones.

Desde muy temprano, el sector logístico que respalda esta aventura científica monitoreaba las pantallas en busca de precisión atmosférica. Con rostros apesadumbrados comentaban que los datos que bajaban del satélite no eran muy auspiciosos. Tras corroborar en diferentes registros confirmaban que "las condiciones climáticas no estaban dadas para cumplir con el objetivo".

Y aunque de antemano se sabía que no podría trepar más allá de la capa inferior de la tropósfera, decidieron seguir con la prueba. "Todos los viajes sirven para mejorar algo de la nave", sintetizó James Darcy, encargado de la logística.

Como el Perlan 2 carece de un motor, la forma de ganar empuje es valiéndose de corrientes de aire ascendente generadas por las ondas de montaña.

Se trata de un fenómeno natural que se produce cuando el aire incide con fuerza y perpendicularmente sobre la ladera de las montañas. Y El Calafate, cerca de la Cordillera de los Andes, en agosto y septiembre es uno de los pocos lugares en el mundo para encontrarlas.

"La sensación es muy similar a subirse a una tabla de surf, la diferencia es que estás a 8 mil metros y a una velocidad de 220 kilómetros por hora, en un aparato que se sacude por la vibración del entorno", grafica el piloto español Miguel Iturmendi.

El primer inconveniente fue que la escasa fuerza del viento, según los cálculos del servidor dedicado, que estaba muy por debajo de lo esperado. A esto se le sumó la nubosidad ambiental.

Morgan Sandercock, uno de los pilotos, alertaba que "si por casualidad rozas una nube con el ala, puede descargar cristales de nieve sobre el Perlan 2 y hacerle perder estabilidad. Lo ideal es que esté despejado y con viento".

La preparación

El equipo llegó, compuesto por unos 20 científicos y pilotos profesionales, hace unos días a El Calafate para preparar el vuelo con la intención de establecer nuevos registros de altitud.

Desde la Torre del Aeropuerto Internacional Comandante Armando Tola, le autorizaron la utilización de la pista principal a las 13, después del despegue de un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas.

El primer piloto en aparecer, cerca del mediodía, fue el célebre Jim Payne, considerado todo un pionero en los registros de velocidad de olas.

Lo hizo vistiendo un traje italiano Kiloyankeepapa, capaz de resistir la temperatura de 20 grados bajo cero de la cabina presurizada. Su copiloto fue Tim Gardner.

Fue entonces cuando varios técnicos rodearon al Perlan 2 y comenzaron a configurar sus pantallas, revisar los cables y controlar que todos estuviera en orden.

Media hora antes del despegue los pilotos se colocaron los cascos y se procedió a presurizar, mediante una tapa que la cierra herméticamente. Una vez adentro, se retiraron los plásticos que cubren los vidrios y la camioneta que lo tenía enganchado avanzó lentamente los 2 kilómetros que lo separan de la cabecera de pista.

Atrás, enfiló la avioneta del Cholo Miranda, que se ocupa de remontar al Perlan 2 hasta que los pilotos consideren que es el momento de soltarse en el aire.

En total viajaron menos de una hora y se pudo observar el despegue y el aterrizaje.

El avión transporta una serie de instrumentos científicos para realizar investigaciones en la atmósfera. Una de las más importantes será tomar muestras de aire no contaminadas de la estratósfera para medir los niveles de los químicos que dañan el ozono y evaluar si la capa se está reponiendo o mermando.

El gran objetivo

El Proyecto Perlan 2 es un avión sin motor, preparado para volar hasta los 27.400 metros (90.000 pies), considerada la frontera con el espacio exterior.

Hasta el momento, el techo de este modelo, fue de 9.906 metros (32.500 pies), alcanzado unas semana atrás.

Fuente: Clarín