28/08/17

Dellepiane opera desde marzo pero todavía llegan muy pocos micros

La controla la misma empresa que Retiro. Los transportistas dicen que llegar allí encarece costos.


Terminal de micros juntos a la autopista Dellepiane. FOTO JUANO TESONE

Mientras se resuelve el futuro de Retiro, la nueva terminal Dellepiane sigue en una situación confusa. Opera desde marzo y podría tener cientos de servicios diarios, pero muestra muy poco movimiento. El principal motivo es que las empresas de transporte no quieren mudarse allí, en gran parte por sus problemas con el empresario Néstor Otero.

Con una inversión de 30 millones de dólares, la terminal fue levantada en un predio de 4,4 hectáreas entre Dellepiane, Perito Moreno, la autopista Cámpora y Mariano Acosta. El terreno fue cedido por la Ciudad a Otero, a través de una ley de la Legislatura porteña, porque la idea era construir una segunda terminal porteña que permitiera aliviar en hasta un 35% el flujo de Retiro, sobre todo en temporada alta cuando colapsa. No hubo una licitación sino una adjudicación directa ante la iniciativa privada que presentó la empresa de Otero.

El edificio tiene un diseño moderno con techo y paredes vidriadas que aportan mucha luz natural. Hay 48 dársenas para micros, un hall de arribos y otro de partidas, oficinas, locales, 400 espacios para estacionamiento y 15 paradas para colectivos de línea. Instalaron cámaras de seguridad y hasta podrían montar un destacamento policial.

Pero casi no se ven pasajeros. Según explicaron en el sector de las empresas de micros, no tienen pensado mudar parte de sus operaciones a Dellepiane porque hay problemas técnicos que complicarían el trabajo. Por ejemplo, que deberían pagar doble peaje al bajar y subir de las autopistas linderas, o que no pueden entrar al Metrobus de la 25 de Mayo.

Además, explican que no fueron consultados sobre el proyecto de la terminal, y que además Dellepiane no tiene demanda de pasajeros, porque llegan pocos colectivos y no hay conexión con el subte ni el tren.

Pero hay otro problema de fondo: la mala relación que muchos transportistas tienen con Otero.

Fuente: Clarín