04/07/17

Volvió el tren a Mar del Plata, 12 pueblos lo celebraron, pero tarda 2 horas más que hace 60 años

Hoy fue el viaje inaugural y en las localidades donde tiene parada los vecinos se acercaron a saludarlo. El servicio cuesta la mitad que un micro, pero tarda casi 7 horas.


Aplausos y bandera. La llegada del tren a la estación de Dolores, una de las ciudades en las que los vecinos se acercaron al andén para saludar el regreso del servicio. NESTOR GARCÍA

El tren disminuye la velocidad, el maquinista Franco Laspina (34) toca la bocina tres veces antes de llegar a la pequeña localidad de Savigné –entre Castelli y Dolores- y la gente lo recibe con banderas argentinas y aplausos. Buena parte del pueblo se reunió en la estación para comprobar que era cierto, que el tren volvía a pasar después de casi dos años. Lo mismo ocurrió en las otras once paradas. Con boletos más baratos que el micro, pero demorando dos horas más que hace 60 años, hoy el tren volvió a unir Buenos Aires con Mar del Plata.

A las 8.45 se empezó a mover la locomotora con doce vagones en los que podrá a transportar a 559 personas. Fue el viaje inaugural protocolar, con varios funcionarios entre ellos Guillermo Dietrich, ministro de Transporte nacional, y la gobernadora María Eugenia Vidal, quien sólo se subió en el último trayecto, de Vivoratá hasta Mar del Plata. Esta noche partirá la primera formación con pasajeros y el servicio tendrá frecuencia diaria (ida y vuelta).

La formación -que compró en China la gestión kirchnerista, pero que nunca fue inaugurado- es de última generación. La más actualizado tecnológicamente del país. Casi no se escuchan ruidos, se mueve poco y el espacio entre asientos es mayor al de la clase turista de un avión. Tiene aire acondicionado, baños en todos los coches y un salón comedor con doce mesas en las que se puede comer un árabe de jamón y queso a $ 35, un pebete de milanesa o una pizza a $ 50, una medialuna a $ 6 o un alfajor a $ 8. El pasaje no incluye desayuno ni almuerzos y tampoco cenas; todo se paga aparte.

Hay también una biblioteca que cuenta con 250 libros, con títulos. Resalta Gay Talese y su “Honraras a tu padre”, clásicos para un viaje como los de Agatha Christie, políticos como “Los años de Onganía" y hasta de comidas y viajes. Funciona con libros que fueron donados por empresas y esperan que los pasajeros también dejen el suyo. La gente podrá tomarlos sin tener que abonar ni dejar nada y confían en que luego sean devueltos.

Hasta el 13 de julio, los pasajes tienen una tarifa promocional de lunes a jueves de $ 200 en primera y $ 240 en pullman; mientras que de viernes a domingos y durante vacaciones de invierno costará $ 450 y $ 540. En algunos casos es menos de la mitad de lo que cuesta viajar en micro (que promedia los $ 600), pero se tarda más. Lejos parece quedar la famosa frase de los años '50 con la que se promocionaba “El marplatense” en Sucesos Argentinos, aquella que decía que tardaba “cuatro horas y un poquito”. En esta etapa aseguran que demora 6 horas y 45 minutos (aunque este primer viaje lo hizo en ocho horas por las paradas protocolares). Hay zonas en las que el tren debe ir a 12 km/h, algo que ocurre por ejemplo en el puente que cruza el río Salado, aquel que por las inundaciones hizo que la formación dejara de circular y que podría ocasionar lo mismo si una lluvia intensa vuelve a caer en la zona. Va tan lento en ese tramo –y en algunos otros- que cualquier desprevenido podría pensar que está llegando a una estación. Un hombre que aprovechaba la mañana para entrenar y que corría por el paso peatonal, lo hacía más rápido que el tren. En donde el trayecto está en mejores condiciones, la velocidad máxima que puede alcanzar es de 100 km/h. La formación podrían llegar a los 140 km/h, pero por las condiciones del camino no lo hace: sería como acelerar una Ferrari en una calle empedrada.

“Nos encontramos con una situación desastrosa sobre las vías y los durmientes. Tuvimos que cambiar casi todo y nos llevó tiempo. Hoy es un día histórico. Queremos que Mar del Plata sea un destino al que se lo pueda visitar todos los días del año”, afirmó Dietrich en el vagón 501, donde hoy viajaron los periodistas. El funcionario contó que se siguen haciendo obras y que concluirán dentro de dos años, lo que mejorará el funcionamiento y el tiempo: “La idea es tratar de reducirle una hora. Es decir completar el trayecto en 5 horas 45 minutos. El tren pasa por 115 pasos a nivel y tiene doce paradas donde baja y sube gente, por eso es difícil llegar en menos tiempo”. Dietrich dijo además que el tren no tiene nada que envidiarle a los japoneses: “Por dentro son iguales”, dijo, aunque claro, el problema es la velocidad.

El regreso del tren era muy esperado por las localidades por las que cruza. Mónica del Carmen, por ejemplo, lloraba emocionada con una bandera celeste y blanca colgada de su cuello: “Ya la llamé a mi hija y le avisé que voy a ir a visitarla más seguido a Capital”, contó la vecina de General Guido. Lo mismo ocurría en Lezama, Las Armas, General Pirán o Dolores.

La formación no tiene pantallas para ver películas, pero es posible conectarse con el celular a una Intranet que permite ver 45 filmes. “Funciona igual que Netflix, la idea es llevarlo a tener 15.000 películas”, explicaban personal del tren. Sí tendrán un problema importante aquellos que sufran descarga de batería rápida: sólo hay un enchufe por coche. Para solucionarlo, en el salón comedor ofrecen un cargador portátil presentando el DNI.

Durante los últimos 200 kilómetros el tren corre a la par de la ruta 2. Asomados por las ventanillas algunos saludaban, hacían luces y hasta le pedían al maquinista que toque la bocina. En la locomotora eran tres los encargados de transportar a la gente: “Por este ventanal vimos de todo. Algunas cosas que todavía nos cuesta sacarnos de la cabeza, pero es parte del trabajo. Este tren es más cómodo que el anterior, tiene un tablero más actualizado y nuevas tecnologías en los frenos. Manejar esta formación para mi es un orgullo, un placer porque es algo histórico que espero nunca tenga que volver a detenerse”, decía Franco Lespina, acompañado por Ruben Veiga y Lucas Sordo. Los tres estuvieron casi dos años sin manejar, a la espera del momento en que el tren echara otra vez a andar.

Fuente: Clarín