27/07/17

La odisea de cruzar Puente La Noria: hay demoras de hasta una hora para llegar desde el GBA

Es por la obra del viaducto en Camino Negro. En auto, durante las horas pico, hacer una cuadra demanda seis minutos. Muchos cruzan a pie porque se quedaron sin colectivo.


Embudo. Típica postal de un día de semana, a la mañana, cuando el flujo de vehículos que entran a la Ciudad desde el Sur es más alto. /Emiliana Miguelez

La zona de Puente La Noria amanece con un cansancio crónico. Una estructura metálica, que casi una década atrás quedó en desuso por su deterioro, es la vía para cruzar de Provincia a Capital. Por los costados de ese puente viejo, avanzan personas con una opción: cruzar a pie. Entre ellos, filas de autos y camiones esperan para pasar del otro lado; los conductores tienen desde 20 minutos hasta una hora de demora atragantadas detrás del volante. La conexión más transitada entre el Sur del Gran Buenos Aires y la Ciudad es un caos, luego de que se cerrara la mano que va a Capital para la construcción de un viaducto.

Es miércoles y faltan pocos minutos para las 8. Valeria Donadio pasa por debajo de la autopista General Paz en dirección al puente provisorio. El 541 acaba de dejarla junto al Riachuelo putrefacto, en el Camino de la Ribera. Tiene un nene de no más de dos años clavado en la cadera, otro de cinco camina sostenido a su mano. “Los dos están enfermos. Tienen bronquiolitis -dice mientras señala a sus hijos: llevan capucha, gorro, bufanda y guantes-. De lunes a viernes cruzamos caminando. No nos queda otra, el colectivo nos deja acá. Del lado de Capital, tomamos el 101 hasta Lugano. Ahí los hago atender”, dice. No es la única mujer con nenes en los brazos que cruza a pie, en medio de una ola polar. Lidia Morales vive en Virgen de Itatí y Camino Negro, en Ingeniero Budge. Llegó hasta La Noria en un colectivo que por la obra no cruzó hacia Capital, como ella esperaba. “Me tomó por sorpresa. Si hubiese sabido, me tomaba un remís. Estoy yendo al Hospital Penna para un control para él”, dice. Él es el bebé de cinco días que lleva envuelto entre mantas. Con él a upa caminará siete cuadras hasta la parada del 31, del otro lado del Riachuelo.

Puente La Noria está en algún lugar entre la ilusión y el desencanto. Los que viajan desde Capital hacia Provincia invierten dos minutos en hacer el último kilómetro de la General Paz y conectar con Lomas de Zamora a través del acceso nuevo, inaugurado a fines de mayo. Los que se mueven en sentido inverso, quienes a primera mañana van a Capital a trabajar o estudiar, sufren. Hacia la Ciudad Autónoma, el viaducto está en desarrollo y la acción mayor pasa por una máquina retro excavadora y una grúa en funcionamiento. El procedimiento, visto a través de la ventanilla de un auto, con la urgencia de avanzar, parece bastante artesanal. En Camino Negro, a la altura de Baradero -una calle con aguas servidas junto al cordón- está el desvío hacia la colectora. En ese trayecto, que une kilómetros más adelante con el viejo puente metálico, se forma un embudo de camiones de carga, autos particulares, utilitarios que llevan garrafas, motos, colectivos de la 141 y la 117. Una cuadra demanda seis minutos.

“Cruzo a las 5:30. Viajo en moto y, aún haciendo zig zag entre un auto y otro, tardo 20 minutos”, dice Gustavo Marcelo, de Lomas de Zamora. Todas las mañanas entra a Capital para trabajar como barrendero en Villa Lugano. “Las veces que tuve que pasar en horario pico, lo evité y tomé por Camino de Cintura y Ricchieri. Me desvíe 20 cuadras, pero fue la opción más rápida”, agrega. Jimena González también prefiere los caminos alternativos. Hasta la semana pasada salía de Camino Negro a la altura de la calle Recondo, seguía por calles internas de Villa Fiorito y retomaba por la colectora de Camino Negro. “Tardaba entre 30 y 40 minutos. Sin atajos, hubiese perdido una hora y media. Pero ni con ese recorrido, que pocos saben o se animan a hacer, zafaba de las demoras por un semáforo que pusieron a la salida del puente viejo”, se queja. Ahora hace 14 kilómetros por la avenida Hipólito Yrigoyen -ex Pavón-, que atraviesa Lomas de Zamora, Lanús y Avellaneda. “De mi casa, en Lomas, al trabajo, en Colegiales, tardo dos horas. Desde hace tres años, cuando empezó la construcción del viaducto, salgo a las 7. La obra es buenísima pero es una locura el tiempo que llevamos esperando a que la terminen”.

El viaducto, como alternativa a una rotonda que generaba demoras históricas, se anunció en 2011. Desde entonces y por su letargo, hizo sentir a 75.000 conductores y alrededor de 60.000 usuarios de colectivos dentro de una ratonera. “Esto es un manoseo”, repite Cristina. Está quinta en una fila de pasajeros que espera el 28, en la colectora de la General Paz y 27 de Febrero. Su viaje terminará en Parque Saavedra. “Tengo 65 años. Caminé más de ocho cuadras para cruzar de Provincia a Capital y llegar a esta parada. Antes, hacía el trasbordo dentro de la terminal de colectivos, no a la intemperie como ahora. Nos tienen como si fuéramos cualquier cosa”. Su reclamo parece confirmar una percepción: en el auto, arriba de un colectivo, o a pie, atravesar el Puente La Noria es un ejercicio de paciencia, uno cruel. Y así seguirá hasta septiembre, cuando prometen la finalización del viaducto.

Fuente: Clarín