02/06/17

La política climática de Trump no generará más empleo

Si bien el presidente de Estados Unidos Donald Trump presentó sus decisiones de política energética como apuntadas a crear empleo, las industrias de energía solar y eólica –que podrían verse amenazadas con su salida del acuerdo de París– emplean mucha más gente que el sector del carbón, que probablemente sea el principal beneficiario de dicha medida.


Cerca de 374.000 personas dedicaron al menos parte de su tiempo trabajando para el sector de energía solar, de los cuales 260.000 aplicaron más de la mitad del tiempo a esa actividad, según un estudio publicado por el Departamento de Energía durante los últimos días de la administración de Barack Obama. Otros 102.000 trabajan en energía eólica.

Juntos suman una cifra tres veces superior a los 160.000 trabajadores que emplea la industria del carbón, de los cuales cerca de 86.000 están en centrales eléctricas alimentadas a carbón y 74.000 se dedican a extracción y distribución de carbón.

La cantidad de gente empleada en minería de carbón disminuyó de cerca de 89.000 a principios de 2012 a cerca de 50.500 en abril, tras un leve rebote cercano a 1000 puestos de trabajo el año pasado.

La energía solar requiere mucha mano de obra en parte debido a que el rápido crecimiento de la industria creó mucho empleo vinculado a la instalación de los sistemas. Cerca del 37% de los trabajos en energía solar son en construcción, con cerca del 27% en venta mayorista.

Sólo cerca del 19% de los empleos solares en Estados Unidos están en plantas fabriles, y la industria depende fuertemente de los paneles importados de bajos costos –mayormente provenientes de China, Malasia y Corea– para poder competir con la generación de combustibles fósiles.

Si bien el anuncio de la salida del acuerdo de París no tendría un impacto directo sobre el mix energético de Estados Unidos, otras políticas de Trump empezarán a afectar la inversión y el empleo.

La Administración de Información Energética (EIA) calculó que el Plan Energía Limpia –el grupo de normas para reducir las emanaciones de dióxido de carbono proveniente de la generación de electricidad– impulsado por la administración Obama bajaba la producción de carbón norteamericana después de 2020.

Eliminando el plan, tal como quiere Trump, sería más lento el crecimiento de la energía renovable y estabilizaría la producción de carbón en los niveles cercanos a 2015, según proyecciones de la EIA.

Sin embargo, existe una feroz competencia proveniente de las abundantes reservas de gas de bajo costo provenientes del auge del shale norteamericano y las compañías energéticas estadounidenses siguen cerrando plantas a carbón. Los pronosticadores no esperan un fuerte rebote de la producción de carbón ni del empleo.

Otra dificultad para las esperanzas de Trump de revivir el empleo en el sector de carbón es que la productividad de la industria está mejorando constantemente, y se está produciendo un cambio en el que la producción se está alejando de las minas menos productivas de altos costos de Appalachia para inclinarse más por las minas superficiales de menores costos de la Cuenca del Powder River en Wyoming y Montana.

La mina superficial promedio en Wyoming puede producir más de ocho veces la cantidad de carbón producida por empleado en una mina promedio en Pennsylvania.

Una diferencia entre las energías renovables y el carbón desde el punto de vista de Trump quizá sea que casi el 40% de los empleos de la industria solar está en la California tan profundamente demócrata, mientras que los puestos de trabajo de la minería se encuentran mayormente concentrados en estados que lo han apoyado como West Virginia, Wyoming, Pennsylvania y Kentucky.

Fuente: El Cronista